“La vida espiada”

 

A veces espiamos nuestra propia vida, la observamos desde fuera como si fuera de otra persona y valoramos y juzgamos según nuestra aparente visión “desde la barrera”. Seguramente lo hacemos con muchos propósitos, pero uno de ellos sin duda es descubrir cómo nos verá esa otra persona a la que amamos, posiblemente en silencio, posiblemente en la distancia. No sabría decir que opinarán de esto los psicólogos, si pensarán que es bueno o que es malo, pero en el fondo no importa, porque al final nuestra propia vida es espiada por nosotros mismos, y quien hay mejor para espiarnos que nosotros. Sin embargo todo ello está modulado por otro acto espía, y es el que ejercemos sobre esa otra persona que nos roba suspiros, nos cultiva sentimientos y nos hace brotar emociones. La otra vida espiada es la que rige el prisma con la que miramos nuestra vida con cosas tan sencillas como qué le gustará a ella de mí, que le puedo ofrecer yo, que le haré sentir, cómo puedo emocionarla desde mis sentimientos. Evidentemente aquí los psicólogos no defenderán la mirada tergiversada desde ese prisma ajeno, esta postura modulada según la persona amada, este ir y venir de emociones dependiente de alguien ajeno. Pero qué importa eso si comprendemos que somos también animales que no siempre nos gusta llevarnos por el raciocinio, ese que nos coarta las libertades que promulgan cada aceleración improvisada de nuestro corazón, que nos hace sentir vivos bajo un pecho que se encoje cuando vemos alejarse a esa persona y se ensancha y abre cuando se acerca. Somos seres sociales, amantes de la vida, amantes de otras personas, y por mucho que queramos siempre espiaremos nuestra vida en función de otros condicionantes. Puede no ser racional, e incluso puede ser arriesgado por si desaparece esa modulación y luego te das cuenta que toda tu persona estaba en función de ello, pero también te digo que no hay nada mejor que sentirse vivo cuando espías esa otra vida y en función de eso tú te sientes vivo. No hay mayor vuelo que el que ese sentimiento nos proporciona, no hay mayor crecimiento que el impulso que una emoción así nos da, no hay mayor encuentro con uno mismo, que cuando descubre cómo le gusta amar y ser amado. Así que, concluyendo, y en esto quizá estemos de acuerdo con los psicólogos, no dejes de espiarte para saber cuánto de ti depende exclusivamente de ti, y desde ese conocimiento, no dejes de espiar la otra vida… porque te dará la vida.

Y si no has visto este corto… tienes que verloCorto de animación “PAPERMAN”

“El vaso del conocimiento”

Era una tarde veraniega, y en el patio ni las sombras de las jacarandas aliviaban el calor. Un viejo maestro y su alumno permanecían allí, como cada tarde, conversando y filosofando sobre las cosas más sencillas a la par que más interesantes. Al terminar la estación el alumno acababa su periplo de aprendizaje allí, bajo la tutela de aquel sabio hombre, pero lo cierto es que el maestro albergaba algunas dudas de cuántos de sus conocimientos había sabido trasmitir a su pupilo e incluso cuántas de estas enseñanzas había sabido apreciar. Llegado un momento de la tarde, el alumno le preguntó a su maestro cuál era el camino más rápido para alcanzar la sabiduría. Emocionado y ciertamente ansioso, el alumno le explicó al maestro que el mundo que se le abría a sus ojos era tan suculento intelectualmente que no sabía qué camino tomar, y cuánto antes lo hiciera y más caminos tomara, más rápidos sería su ascenso a la preciada sabiduría. El viejo maestro sintió que aún le quedaba algo verdaderamente importante que explicar a aquel alumno ávido de conocimiento. Tal vez el maestro había dispuesto a su alumno cuantas enseñanzas creía poderle trasmitir, pero sin duda al menos todavía una le faltaba por enseñarle. Así pues instó a su alumno a que cogiera un vaso y una jarra llena de agua que tenían allí al lado para saciar su sed en las largas tardes de dialéctica.

-Ahora – le dijo el profesor- tienes que llenar este vaso de la manera más eficiente posible.
El alumno se quedó pensando unos segundos y optó por verter el agua lentamente y dejar que que el vaso se fuera llenando poco a poco. Cuando llegó al borde, el alumno paró.
– Así maestro. Así sin duda es la mejor manera- afirmó el alumno.
El maestro bebió del vaso y después de disfrutar por unos segundos el placer de saciar su sed, se dirigió de nuevo a su alumno
– Y entonces, – respondió el profesor- ¿qué habría pasado si por un momento no dejaras de verter agua en el vaso?
– Que se hubiera salido el agua.
El alumno se quedó unos instantes pensando. Todavía no sabía qué le quería decir su maestro con todo aquello del vaso.
– Ahora, vuelve a llenar el vaso para ti y hazlo ahora de la manera más rápida posible.
El alumno vertió rápidamente y de golpe toda la jarra sobre el vaso y el agua se desbordó de inmediato como si un maremoto se hubiera producido en el vaso. El maestro frenó al alumno y ambos observaron de nuevo el vaso, que estaba ahora medio vacío y sin embargo parte del agua se había desparramado por alrededor. El maestro comenzó a hablar.
– Mira el vaso. Verás que cuando has querido llenarlo de golpe, el agua se ha salido y además, al verter el agua de esta manera el vaso se ha quedado más vacío. Piensa cuánta agua ya no podrás beber porque la has desperdiciado de esta manera. También dedujiste que si no dejabas de verter agua, ésta se saldría. De haber continuado, además de desperdiciarse agua, yo no habría podido detenerme a beber y saborear todo este agua sabiendo que aún me quedaría casi toda la jarra para pasar la tarde. Sin embargo te encaminaste bien al principio cuando quisiste llenar el vaso de la manera más eficiente para saciar nuestra sed durante esta tarde. Lentamente, con tranquilidad y llegando hasta el borde sin derramar ni una gota. Entonces, ¿por qué cuando quieres llenar tu mente de conocimiento no se te ocurre nada mejor que llenarla de la manera más rápida posible y sin dejarte tiempo para reflexionar sobre lo aprendido?

El alumno de repente entendió lo que su maestro le quería decir. Más le valía asentar y disfrutar lo aprendido sin desperdiciar ni una gota de ello. De lo contrario, al igual que ocurría con el vaso y el agua, llenaría su cabeza de ideas y conocimientos que no tendría tiempo para ordenar, posiblemente muchas cosas importantes le pasarían por alto y no pasarían a ser parte de su sabiduría. Peor aún, ni siquiera sería consciente de lo perdido.
Así pues el alumno, después de quedarse unos segundos pensando en ello y bajo la mirada atenta del maestro, cogió la jarra y se dispuso a salir del patio.

– Y ahora, ¿adónde vas?- preguntó el maestro extrañado.
– Maestro- respondió el alumno girándose hacia él-, creo que debo ir a por más agua para poder saciar nuestra sed mientras sigo escuchando sus enseñanzas, aunque ya las hubiera escuchando antes. Si he desperdiciado algo de su conocimiento, que hoy me ha quedado claro que sí, lo mejor es asegurarme de que su jarra esté llena para poder llenar con tranquilidad el vaso.

Y el maestro sonrió viéndole marchar a por agua con la sensación de que al fin se disipaban las dudas que hacia él había tenido.

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“Reajustarse”

Se es algo más que una máquina, y se es algo más que un ser humano. Las máquinas necesitan de arreglos, de puestas a punto, de ajustes y de reequilibraciones. Los humanos también. Muchas veces estos reajustes se realizan sobre el banco de trabajo, sobre la camilla. Pero cuando una persona se tumba en una camilla, con un desajuste, con un dolor, hay que entenderlo con sus emociones y sus sentimientos. Al ser humano hay que reajustarlo según sus aficiones, sus motivaciones, y también según sus miedos y sus debilidades. En mi caso, me gusta ponerme en el lugar de esa persona a la que hay que “ajustar” y por ello, cuando la observo lo intento hacer tal y como a mí me gustaría que me observaran. No sólo es entender como interactúan los músculos, tendones, huesos o vísceras entre ellos, sino cómo interactúan con las emociones y sentimientos. Quizá por ello, de vez en cuando me descubro observándome a mí mismo y pensando en cómo me trataría y cómo me reajustaría. Y es que cuando dedico tiempo a mis aficiones y, por ejemplo, observo mis emociones en algo tan sencillo y banal como es reajustar esa otra máquina que con frecuencia hace las veces de una prolongación mía, entiendo por qué es tan importante que cada uno dediquemos tiempo a estas pequeñas cosas que nos hacen únicos e irrepetibles. Posiblemente cuando reajusto esa otra máquina más material, realmente le estoy dando vida, le doy emociones y al final siento que estoy reajustándome a mí mismo. Observémonos y observemos a los demás de esta forma, porque tal vez cuando ajustamos máquinas nos ajustamos como personas y tal vez cuando ajustamos personas se ajustan nuestras máquinas.

2015-12-02 21.09.47

“Ese alguien”

Hoy hay algo en el ambiente que me dice que tú eres ese alguien por quien suena esta canción. Estoy seguro que eres ese alguien por quien las cicatrices parecen repararse y desvanecerse cuando se te recuerda. Alguien por quien otra persona es capaz de parar su coche en medio de ninguna parte para no distraerse mientras conduce y dejarse llevar por la melodía de tu recuerdo durante unos maravillosos minutos. Eres ese alguien por quien se comprende que de vez en cuando los haces de luz se alineen de forma extraordinaria para dar lugar a un arcoiris después de una tormenta. También eres ese alguien por quien los gorriones se animan a entonar una melodía que se dirije bajo la batuta de otra persona cuando irrumpes en su imaginación. Muy posiblemente no sabes que eres ese alguien con quien se soñó en secreto y que nunca se confesó (como muchas veces ocurre con los primeros amores), y muy probablemente no eres consciente de las emociones que has hecho sentir.  No olvides que sentir emociones es lo que nos hace estar vivos.
Y como estoy seguro de que eres uno de esos “alguien” por quien su sonrisa es capaz de vencer a la oscuridad, no me queda más remedio que recordarte cuánta luz hay en ti y cuánta falta hace que sigas viviendo cada instante de tu vida como si fuera la primera vez… aunque sólo sea para seguir regalando emociones a este mundo que tanto te necesita.

Escrito mientras escuchaba esta canción, y dedicado a ti, me conozcas o no, estés en esta parte del mundo o en cualquier otra, porque estoy seguro que lo mereces… simplemente por la sonrisa que acabas de esbozar.

“Cuando correr se convierte en un descanso”

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Correr a veces es un estado de meditación, un estado de vacío que consigue engañar a tu mente y que hace que el peso racional de todas tus preocupaciones se vaya diluyendo al ritmo de las zancadas. Corriendo las distancias se acortan, e incluso a veces el cansancio se reduce en comparación al ritmo lento y pesado de un andar lleno de preocupaciones. Por eso yo creo que me cansa menos correr que andar. Parece que la luz a la que te diriges se acerca, se hace tangible, y hasta la puedes respirar. Corriendo el pensamiento racional se queda atrás, y parece que en esas zancadas contigo sólo puedes llevar el pensamiento más visceral, emocional, y más subconsciente. Sí, sin duda es un pensamiento más puro y libre de todas esas ataduras racionales a las que nos sometemos diariamente. Cuesta construir pensamientos demasiado racionales o pequeños cálculos matemáticos, y por eso se libera la creatividad y la capacidad de resolución de problemas. Parece que el camino fácil se abre ante tus ojos, ante tus pies, y todo resulta más claro y brillante. Como si al final de tu camino estuviera la atrayente luz de un amanecer o un atardecer. Al final te ves inmerso en un estado de introspección, de meditación, que quizá algunos sólo podemos obtener a través de ese cansancio físico y con esa, por qué no decirlo, “huida de lo racional”.
Y si a esto le sumas que cuando corres tus pulsaciones suben tal y como lo hacen cuando te emocionas, cuando te enamoras, y que además corriendo puedes descubrir caminos, parajes y atardeceres, con una libertad que quizá no puedes conseguir de otra manera, entonces te das cuenta de que cuando corres te estás enamorando constantemente de todos esos pequeños detalles que ves y sientes, símplemente porque eres capaz de apreciarlos y llevártelos contigo. Y como la luz no sólo está en el Sol, resulta que cuando corres y llegas a casa, aprecias aún más aquello que ya tienes.

Y por ello, esta vez como licencia de alguien que en más de una ocasión encuentra su inspiración escritora en mitad de sus zancadas, subo este vídeo que muestra la pureza de descubrir (o re-descubrir) un paraje como es Cabo de Gata, haciéndolo al ritmo de las zancadas y por supuesto,  al ritmo de un corazón que huye de las bajas pulsaciones.

SOLEDAD (Cuento de Navidad)

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Este relato lo escribí hace ya unos años, durante una Navidad. Hacía tiempo que varias personas habían ido cruzándose en mi vida, y hacía tiempo que sentía la necesidad de sumergirme en sus vidas, en sus sentimientos. Aquellos días de fiesta, compañía, luces y alegrías, algunos de ellos ya no los tenía cerca pero simplemente imaginé como habría sido una Navidad para ellos. Personas como nosotros, sin nada en común… excepto “algo” llamado Soledad. Algo que durante una Navidad les haría cruzar sus vidas. Sin duda uno de mis relatos preferidos, y por ello, pese a que lo había retirado del blog para dejarlo como pieza clave de mi libro de relatos LA RESPUESTA TARDÍA, durante estos días de Navidad, volveré a tener publicado el texto íntegro.

Así que, ahora que cae la noche y nos alcanza de lleno la Navidad, te dejo viajar a un mundo en el que tal vez tú y yo nos podríamos encontrar para desearnos de una forma u otra FELIZ NAVIDAD. Descubre aquí: “Soledad”-Cuento de Navidad

Haiku nº1

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Después de encontrar un libro de Benedetti con haikus (poemas breves japoneses con una composición de 5-7-5 sílabas) me aventuro a escribir alguno puesto que la emociones a veces no necesitan más de 17 sílabas para mostrarse. Y el primero que os muestro es aquel que inspira una bellísima mirada que encontré taladrada sobre una vieja pared en Exeter (Inglaterra), y que me sirve de excusa para confesarte aquello de tu mirada con lo que sin duda me quedo. 
2014-08-16 15.12.02