“El mejor de sus sueños”

“El mejor de sus sueños”

                                                                                                 

Estaban allí, sentados como cada tarde en el banco del parque cuando él la miró y le preguntó:

– ¿Qué te gustaría hacer si fuéramos como ellos?

Ella, todavía con la inocente mirada perdida en unos columpios contestó: – No lo sé, tendría que pensarlo.

¿Que te parecería –dijo él armándose de valentía-  marcharnos a un lugar donde no tuviéramos que volver a una hora determinada? Tal vez –continuó mientras perdía la mirada en el horizonte-  podríamos caminar todo el día y no parar hasta que se hiciera de noche. Creo que podríamos llegar hasta aquellas colinas y sentarnos a mirar todo desde lo más alto. Desde allí tal vez se vea el mar y podamos escuchar como rompen las olas en la orilla. Seguramente allá el viento sea muy fuerte, tan fuerte como nunca antes lo hayamos conocido y así podríamos abrir los brazos hasta que nos hiciera despegar y volar. Quizá allí nadie nos encontraría y nadie nos pondría normas ni nos haría preguntas. Además podríamos correr hasta cansarnos y luego tumbarnos en la hierba sin preocuparnos de si nuestras ropas se manchan. Y así sería todo el tiempo que quisiéramos.

Un silencio se hizo durante un buen rato, posiblemente el tiempo que ambos ensoñaron cada detalle de la hierba, el mar y el aire.

Pero… –rompió ella el silencio girando sus ojos hacia él y con gesto de duda­- ¿y cuando llegue la noche que haríamos?

Él se quedó dubitativo y algo abatido porque todavía ni se había planteado eso.

No lo sé. Supongo que dormir en algún sitio. No sé qué se hace por la noche en estos casos.

Ella sonrió, pero con una de esas sonrisas que transmiten tranquilidad. Era evidente que tampoco lo sabía pero quizá esa incertidumbre era lo que mas le apetecía.

La verdad –dijo ella- es que poco importa. ¿Qué te parece si cuando llegue la noche soñamos y ya lo decidimos?

Esta vez ambos se miraron a la vez con esa indudable transparencia que sólo los inmaculados cristalinos tienen, y él se sintió féliz de que a ella no le importara que no supiera qué hacer. Unos segundos después, cuando sus miradas regresaron a aquellos columpios, ella rompió el silencio:

Es la hora, tenemos que irnos.

Él sintió el peso de una  losa sobre sí, algo que parecía ocurrirle de forma repetida cada día que ella decía esas palabras y sintió  de nuevo que se desvanecían todos sus planes.

Ligeramente aturdido por ese pensamiento, ella se levantó primero pero le tendió la mano. Él no esperaba ese gesto y sintió como aquel peso se volatilizaba cuando ella le ayudó a alzarse hasta su lado. Todavía sin él entender nada, ella le dijo con total tranquilidad:

No te preocupes, que seguro que tendremos algo que muchos de ellos ya perdieron: “dulces sueños”.
Tras pronunciar esas palabras se aupó  de puntillas hasta él y, con esa sutileza digna de una princesa de cuento de hadas, besó unos incrédulos labios que quedaron petrificados tal vez para siempre.

Y así fue como aquel caballero desarmado que segundos después caminaba rumbo a su casa tambaleándose como un anciano, entendió que de la mano de su amada había emprendido su primer viaje a la cima de una colina, su primer paseo por la orilla de la playa y su primer vuelo sobre un cielo de azul infinito. Y además con esa pureza innata de cuando se tienen nueve años y con la certeza de que por primera vez había besado al mejor de sus sueños.

2 pensamientos sobre ““El mejor de sus sueños””

  1. Me encanta soñar…..sobre todo con esa persona que quieres pero no puedes……

  2. sin palabras me dejas. PRECIOSO.

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